Y como es natural, la Audiencia Nacional ha apreciado indicios de delito en la falsificación de un documento pericial que relacionaba ETA con el 11M. El documento no tenía relevancia alguna y sólo eran especulaciones, según dicen, pero los implicados llegan a jugarse seis años de cárcel, la expulsión del cuerpo y quedarse sin trabajo para tapar algo que es irrelevante.
No lo harían por sus propios hijos, pero si lo hacen por los etarras asesinos de niños. Si hacen esto por una minucia como el ácido bórico, qué no harían con otras pistas más consistentes. No se entiende. Tampoco se entiende por qué los musulmanes no tienen que pedir perdón por invadir la península ibérica, pero los españoles sí tenemos que pedirlo constantemente por invadir América del Sur.
O por qué estamos “preocupados” por los jueguecitos de Monopoly que se traen los multimillonarios con las acciones de las eléctricas, cuando a nosotros la electricidad nos va a seguir saliendo igual de cara ya que seguirá sin haber competencia. No se entiende. Y tampoco se entiende por qué a algunos hombres nos gusta tanto mirar debajo de las faldas en las posturitas "upskirt" y cuando ellas se quedan desnudas, lo que encontramos ya no nos dice nada.
Si yo fuera poeta te diría que el cielo está estrellado y titilan a lo lejos... Si yo fuera poeta te diría que inclinado en las tardes tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos... Pero no soy poeta. Lástima, ¿verdad?. Porque si yo fuera poeta te diría que eres inmensa, que en ti encuentro la inmensidad del mar, la inmensidad del océano, la inmensidad de la profundidad abisal... Quisiera ser poeta, pero no me sale la poesía porque sólo puedo decir que en ti encuentro la inmensidad del firmamento, la inmensidad de la galaxia, la inmensidad del Universo. En ti encuentro la inmensidad del absoluto porque todo en ti es inmenso. Lástima que yo no sea poeta, ¿verdad?, porque si lo fuera te diría que amo y adoro la inmensidad de tu hermoso culo. A lo menos.
La Deutsche Oper de Berlín ha decidido suspender la ópera de Idomeneo, de Mozart, para no herir a los musulmanes. La obra trata precisamente del levantamiento de los hombres contra Dios, toma posición frente a las religiones y es una denuncia del fanatismo religioso que, como colofón, muestra las cabezas cortadas de Buda, Poseidón, Jesucristo y Mahoma. Pero la obra ha sido censurada porque se teme la reacción de los islamistas, por lo que la propia obra ha caído en la censura que denuncia. Paradójico. Como es natural a partir de ahora oiremos a los listos y cerriles cursiprogres justificando la decisión porque hace 775 años la Iglesia católica tuvo la Inquisición y ahora, en pleno siglo XXI, parece que le toca tenerla a los islamistas. Y lo aceptan por tol morro. Son sumisos consentidores que se escagarrían por la pata abajo y que justifican su miedo a los islamistas en los errores de la Iglesia católica cometidos hace ocho siglos, o sea, 775 años, por los que la institución ha pedido perdón, mientras los ateos no lo han hecho por los 100 millones de muertos de las dictaduras comunistas (vamos a recuperar la memoria histórica y nos vamos a reír una jartá).
Miran 775 años atrás pero no quieren ver lo que ha ocurrido hace unos años en su propia casa común de la izquierda o ahora mismito en la moderna Alemania, con otra cesión cobarde al cerrilismo intolerante; otra renuncia a la razón, otra concesión a los fanáticos que poco a poco están modelando nuestras vidas y deciden lo que tenemos o no que hacer, lo que tenemos o no que leer y lo que tenemos o no que oír, sin necesidad de presentarse a las elecciones. Hemos abdicado ante los clérigos de los valores de la revolución francesa, la Ilustración, la razón, los derechos humanos y la libertad de expresión y creación. Si Voltaire levantara la cabeza se volvía a morir de asco. A mí me dan ganas de salir a la calle a manifestarme contra los cretinos de la izquierda que jalean a los islamistas porque se enfrentan a Estados Unidos. Son capaces de aceptar la esclavitud islámica con tal de joder a los americanos que, por otra parte, siempre serán libres. Los islamistas son cerriles; los nuestros son psicópatas. Nota.- Pepiño Blanco ha abierto un blog como éste, en Blogger, y he intentado dejarle un comentario pero ha puesto el cinturón de castidad de la moderación y no me deja publicarlo. Practica la censura. Le da miedo la libertad de los demás. Otro con caguetilla. Otro héroe.
Iba comentar que en este país de chichinabo unos enmascarados se han subido a un tribuna y han disparado unos tiritos al aire para amenazarnos como en los mejores tiempos de los pistoleros borrachos del Oeste americano. “Dodge, ciudad sin ley”, creo recordar. Iba a comentar todo esto, y más, pero he descubierto que vivo sin vivir en mí y de sentimiento me muero, porque acabo de descubrir que al mear el chorrito se me va para un lado. Cosas de la edad, me dirán. Pues no, porque un servidor siempre se ha ufanado de mear muy recto. Me lo comentaron en el colegio: hijo, tú mea recto y llevarás una vida de honorabilidad y prosperidad. Eso me dijo el director del instituto antes de expulsarme por mearme encima de sus zapatos. Es que a mí me gusta mear sin manos que tiene más mérito, le dije yo para excusarme y sin que él hiciera caso a mi alegato de defensa pues persistió en la expulsión por mearle sus zapatos cuando se sitúo a mi lado en los urinarios. Pero si son del mercadillo de los miércoles, le refuté yo a mi madre para tratar de minusvalorar el hecho de mi desviada meada. Da igual, está muy feo eso de mearse en los zapatos del director de tu instituto. Y me castigó. No atendió a mis razones de que a mí me gusta mear mirando al tendido, es decir, sin sujetarla con las manos que tiene más merecimiento y además evita mancharte las manos. Es por higiene.
Y por eso siempre le he pedido a las novias que me hicieran el favor y en caso de no contar con su anuencia, se lo he solicitado a sus madres que siempre, siempre, se han portado muy bien conmigo y me han ayudado a mear. ¿No crees que ya eres mayorcito y que puedes sacártela tu solo?, me solían reprochar algunas de ellas. Tienes que crecer porque ya no estás en la infancia, me afeaban mientras me la cogían y apuntaban. Sí, pero es que la infancia es la patria, según decía Rilke, y yo soy muy patriota. No coló. Pero es que ellas no saben lo arduo y complicado que es apuntar a la taza sin cogértela. Y por qué no te la coges, me preguntó a mí una novia que había estudiado filosofía y letras y le busca siempre el pespunte a todo. Porque entonces no me la coges tú, lista, le dije yo con mi proverbial agilidad metafísica. Pues vaya. Es que las mujeres lo tienen muy fácil, como se ve en la foto de arriba. Llegan, se agachan y mean sin tener que apuntar porque el chorrito les sale ya apuntado y con dirección de tiro. Por eso a mí me gusta que las novias me la saquen para mear, decía, lo que pasa es que ellas son muy tiquismiquis y te dicen que nones, que la pilila te la saque tu madre, cuando tu madre obviamente ya no te la saca porque ellas te la están sacando desde que eres chico y ya no quieren. La pilila que te la saque tu novia, hijo, que para eso cobra. Pues vaya. Unas por otras y la pilila sin barrer. Ni tan siquiera son solidarias entre ellas. No tienen solidaridad “de género”.