Las organizaciones feministas han exigido a TVE que cambie la letra de la canción de Eurovisión “Brujería” por su claro contenido sexista. “Tú me dominas con sólo mirarme y no hacen faltas cuerdas para atarme”, cantan las chicas de Sol de Sol. Es un pareado tan inocente que da grima sólo pensar que alguien se puede sentir ofendido por ello. De hecho todos los novelistas y poetas, hasta los más clásicos, se han referido al amor no como "cuerdas simbólicas que atan", sino como esclavitud. Desde Ovidio y Catulo (a.c.) a Mantegma después de Cristo, pasando por la "elegía amorosa latina" en la que el enamorado hace dejación de sus obligaciones sociales, profesionales y políticas, y se somete a la mujer amada (tópico de la esclavitud del amor) con ese universo metafórico de la enfermedad del amor, el fuego amoroso o la locura amorosa. Pero eso ellas no lo saben. Son incultas. Y entonces habría que recordarle también a estas niñas que en nuestros días, en el siglo XXI, las relaciones “dominación/sumisión” (D/s) o “femdom” (dominación femenina), están reconocidas incluso por la ONU siempre y cuando se hagan consensuadas, libres y entre personas mayores y responsables. Y que se quieran, añado yo, porque
si no, no tiene chicha y queda como muy quirúrgico y profesional. Pero cada quien es muy libre de someterse como sumiso/a a quien quiera porque existe el “derecho a la libre esclavitud” tanto para entregarse a otra persona como para liberarse cuando el juego se acabe o se acuerde. Es casi un derecho universal que ningún código penal puede restringir y ninguna feminista puede coartar. Cada uno es muy libre de ser dominante, sumiso o del Betis manque pierda. Yo he conocido a parejas que han llevado esta práctica a su vida cotidiana en una relación femdom 24/7 (24 horas al día, los siete días de la semana) y que han sido muy felices en este estilo de vida que también se conoce con “domestic discipline” o disciplina doméstica, y de la que ha sido abanderada una psicóloga como Elise Sutton. Y sé de otras parejas que intercambiaban los papeles pues eran “switch” (gustaban de ser tanto dominantes como sumisos) y se iban turnando en el papel hasta que llegaron los hijos y lo dejaron. Pero incluso entonces se escapaban algún fin de semana a un hotel para seguir disfrutando. Los dos. Porque se querían con locura y porque esto no tiene nada que ver con la imagen cutre y peliculera del cuero, los látigos y las cadenas que nos han mostrado por cierto los memos de Crónicas Marcianas. Es otra historia que tiene mucho más que ver con el amor, la elegancia, el estilo, el sometimiento libre por amor y las buenas maneras. Dicho queda. Y entonces, la verdad, a uno eso de las bodas homosexuales en un juzgado, con trajes de novios, "yo os declaro marido y marido", arroz, convite y viaje de novios me parece tan antiguo, cavernícola, carca y retrógrado que me da la risa floja cuando la izquierda la postula como el no va más de la modernidad. Amos anda.
30 de abril de 2005
29 de abril de 2005
Yo iba para campeón del mundo...
El diario El País ha convocado un concurso de relatos breves para sus lectores en el que, como es natural, no voy a participar. Hace años que decidí no apuntarme más a ningún concurso literario y lo he cumplido. Y lo cumpliré, pero me ha picado el asunto porque esta semana ofrecen escribir sobre el deporte. Y te dan el pie para que empieces: “Yo iba para campeón del mundo…”. Vale. “Yo iba para campeón del mundo…y me quedé en inventor de chinchetas. Me explico. Yo iba para campeón del mundo de salto de longitud, pero tenía que marcar mis saltos con chinchetas porque no tenía dinero para instalarme un foso en el asfalto de mi calle. Es que no es fácil instalar un foso en tu calle. Los vecinos se quejan e incluso algunos conductores que se precipitan al foso se mosquean. Y mucho. Tú puedes ampararte en el espíritu olímpico y todo eso, pero se conoce que ellos no han oído hablar de él. Pero decía que yo iba para campeón del mundo de salto de longitud…, y me quedé en inventor de chinchetas porque como no tenía foso ni posibilidad alguno de construirlo en el asfalto, tuve que recurrir a marcar los saltos con chinchetas y aquí vino el problema porque al clavarlas en el asfalto se me doblaban. Qué hacer, me dije rascándome el cogollo por si alumbraba alguna idea novedosa que me permitiera solventar aquel problema, hasta que llegué a la conclusión que lo mejor era inventar una chincheta reversible; es decir, una chincheta que se pudiera clavar por los dos lados, que fuera versátil, con las evidentes ventajas que ello supone porque si se me escacharraba por un lado al clavarla en el asfalto me quedaba libre la otra parte para clavarla. Genio que es uno, que me lo tiene dicho mi ti Enriqueta que dice que soy el sobrino más listo que ha tenido. Así que apunte la idea en una servilleta y la lleve a patentarla, aunque el responsable del asunto se negó en redondo a registrar mi proyecto de chincheta reversible con la peregrina excusa de que no era practicable semejante idea. Una chincheta que se puede clavar por los dos lados no es factible, me dijo el hombre, porque al poder clavarse por los dos lados duran más, se gastan menos chinchetas, venderás menos, el negocio no seré rentable y ninguna empresa querrá fabricarlas. Así que no. Yo iba para campeón del mundo, decía, …y tampoco pude ser inventor de chinchetas".
28 de abril de 2005
Cumplir la ley, por fin
El presidente del Gobierno ha salido al paso del propósito de varios alcaldes de no casar a los homosexuales (incluido el socialista Vázquez), alegando que hay que cumplir la ley nos guste o no nos guste “porque la norma obliga a todos, especialmente a los responsables políticos y negarse a ello sería un incumplimiento flagrante de la ley” (EL País 27.04.2005). Tiene razón. Se ha de cumplir la ley. Por fin. Albricias y aleluyas. Se va a obligar a cumplir la ley y, por consiguiente (Felipe González Dixi y Pixi), se va a exigir a su reverencia don Jesús Polanco que cumpla las sentencias judiciales que lo condenan a devolver las emisoras de radio que se compró ilegalmente, para que no haya españoles de segunda (los que cumplen las sentencias y pagan las multas) y de primera (los amigos del Gobierno que no las cumplen). Por fin vamos a ser todos iguales ante la ley gracias al magisterio y gobierno de este hombre que con su pedagogía nos seduce y enamora. Es mi héroe. Yo cuando era pequeño quería ser como él: Una mezcla de Robín de Batman y de Richard Gere de Alcobendas.
Pos Después.- El Tribunal Constitucional amparó la objeción de conciencia de un guardia civil que se negó a desfilar delante de la virgen. Hay jurisprudencia civil y moral, porque la objeción no te la puede quitar ni Dios. Ni Fidel.
Pos Después.- El Tribunal Constitucional amparó la objeción de conciencia de un guardia civil que se negó a desfilar delante de la virgen. Hay jurisprudencia civil y moral, porque la objeción no te la puede quitar ni Dios. Ni Fidel.
27 de abril de 2005
Echarse novia formal
Qué monada de linces recién nacidos en el coto de Doñana. Yo quiero uno. Quién me lo compra, porfa. Están para comérselos. Voy a tener que echarme novia formal para que me lo regale, aunque como vivo en casa de mi madre no sé dónde voy a meterlos. A la novia, que con los linces no hay problema. Yo es que creo mucho en la familia y prueba de ello es que tengo 46 años y todavía vivo en casa de mi madre. Es que no es fácil echarse novia formal, sabe usted, porque uno busca una mujer sensata y prudente que me ayude a educar a los hijos y a esta edad sólo quedan libres chocholocos pogres. Pero por si acaso ya tengo el ajuar: una vajilla de cristal de Bohemia que viene todos los días con el ABC. Me la está coleccionado mi madre y dice que es para mí, “para cuando te cases”, todavía no sé si lo hace porque quiere agraciarme con un regalo o porque quiere casarme para perderme de vista. Ya no te puedes fiar ni de tu madre. Y eso que dicen que no hay más que una, menos mal, que si tuviéramos dos sería tremendo. ¿Te imaginas? Dos madres. Es decir lo mismo pero repetido. Una por cada oreja.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

