31 de enero de 2005

El cine español y lo cursi

Yo nunca había visto un remedo tan cursi como esa gala de los Goya que pudimos ver anoche en la tele, en la que participaron unos señores (es un decir) que suelen criticar el cine americano o los fastos de Hollywood, y que luego los imitan hasta lo grotesco con una función de pueblo, de provincias, en la que se parodian así mismos. Ellos mismos se ríen de ellos. Es lo cursi por definición, el quiero y no puedo; el quiero ser como ellos pero como no puedo los imito pero en plan pueblerino, porque a más no llego. Es la chacha de antaño que para imitar los modelos de la señorita se compraba unos retales y se ponía lazos hasta en los sobacos. Es la modistilla que calcaba los patrones de las revistas para hacerse en el pueblo el modelito de la princesa Carolina de Mónaco, que
es la patrona de los cursis junto a Isabel Presley. Es la gente que queriendo hacérselo de fina, elegante y sofisticada se compra los modelitos más caros para pasar por lo que no es, ni puede ser, porque no lo da la mata ni aunque la críes en invernadero. Da vergüenza ajena, pero los tíos ni se coscan porque viven en la supina ignorancia del perullo cursi que no sabe que hace el ridículo. Ni se lo imagina. Como ese anuncio patrocinando el cine español en el que aparece un niño que juega al béisbol y que cuando va a batear se da cuenta de que ha venido todo el mundo a ver el partido y sin embargo, su padre ha vuelto a fallar. “!Caracoles”, siempre está muy ocupado”, se dice el muchacho con el bate al hombro. Y entonces, tatachán, tatachán, aparece Antonio Resines y le reprocha que hable así. “Esto es una película española y aquí esas cosas no pasan. Mira, ahí está tu padre”. Y tiene razón. En España eso de que un padre no vaya a ver cómo juega su hijo o como actúa en una función de teatro no suele pasar porque aquí, en las películas españolas, el padre es un homosexual travestido que aspira a ser torero, según el vademécum de Almodóvares y compaña. Spain is different. Of course.

30 de enero de 2005

¿Con quién se confiesa Dios?

¿Con quién se confiesa Dios del pecado de haber dejado morir a 3000.000 personas en el sureste asiático?, me he preguntado una y otra vez desde que ocurrió la catástrofe. 

Sin saberlo, sin encontrar la respuesta, hasta que ha llegado un ateo como Javier Cercas y ha dado con ella: Con nadie, porque el desastre no es culpa de la Providencia, dice él, sino de la estupidez y de la codicia de los hombres pues se podría haber instalado unos aparatos para prevenir los maremotos que sólo cuestan lo que vale un tanque de guerra español, una minucia, y se habrían salvado la mayor parte de los que perecieron. Pues eso.  

Gracias a un ateo hemos visto un poco de luz, aunque no mucha, porque todavía quedan muchas preguntas. Y dudas. Pero a veces los ateos alumbran más que la mismísima Iglesia. Que conste. Y se me ocurren los nombres de Robert Bresson, Andrei Tarkovsky, Dreyer, Kieslowski o el mismo Bergman que con su descreimiento buscaba a Dios aunque no lo encontrara. “Quiero creer, pero no puedo”, dice un personaje de “El séptimo sello” con más fe
en la búsqueda que muchos creyentes que creen por creer, porque sí, porque toca, porque es lo que procede. “Dios es el amor que llena el frío del universo”, dice un personaje en “Como en un espejo”. O “No te entiendo, no te comprendo, pero te pido que me perdones” , le dice otro personaje a Dios en “El manantial de la doncella”.
 

Pos Después.- Bueno, Bresson si creía, aunque en su cine, que es genial tanto en su faceta técnica como temática, no tocaba estos asuntos de la búsqueda de la fe, sino el de la redención y la maldad humana ("Pickpocket" y "Mouchette").

29 de enero de 2005

¿El misógino nace o lo hacen?

Si, vale, es cierto: Hacia falta una ley que endureciera las penas contra los maltratadotes domésticos como la que hoy ha entrado en vigor. Pero, ¿qué hay de los que no lo son?, ¿qué pasa con los pazguatos que jamás han sido violentos o desconsiderados? Nada, si exceptuamos la conveniencia de que se vayan preparando también, por si acaso, porque se ha reinstaurado el delito de autor, a mayor gloria del franquismo (para el mismo delito tiene más pena el hombre que la mujer).  Y parece que las circunstancias obligan a defenderse huyendo de los anillos, de las listas de boda y del compromiso. Así que cuando te digan, ¿quieres conocer a mis padres?, tú diles que NO. Sin más. Que no te tiemble el pulso, digo la voz. Y procura quedar siempre con ellas en los hoteles para follar y luego cada uno a su casa. Nada de pareja estable, matrimonio, arrejuntamientos y demás
cariños, porque si ella se cansa de ti o se enamora de otro pipiolo sólo tiene que denunciarte por malos tratos psicológicos (ellas consideran maltrato psicológico que no te fijes en que ha ido a la peluquería), y vas a la cárcel y te quedas pasmado, mientras ellas andan por ahí descuajaringadas con otro.  Lo dicho, quedar en un hotel para follar y luego que la aguante su gata. O su lorito. O su madre. Nobleza, digo, ley obliga. ¿Amor? Mucho. Una hartá. Me parto. Sí, ya sé que ayer pensaba todo lo contrario, pero es que uno es muy voluble. Me lo han dicho siempre. 
Posdespués.- Y cuando folles en el hotel procura hacerlo con guantes, por aquello de no dejar huellas.

28 de enero de 2005

Ama y haz lo que quieras

Todavía quedan cernícalos que siguen aferrándose a ese lugar común de que cierta espiritualidad, o creencia, te aparta del disfrute del sexo (ayer mismo en Buenafuente y cia), cuando es todo lo contrario porque los espirituales lo que procuran es procurar alejarse de la cópula animal mete/saca y aliñar el sexo con ese amor que lo vuelve sublime. Y que no cansa. Con amor te quedas para repetir y compartir el desayuno; sin amor te levantas y te vas a tu casa. “Ama y haz lo que quieras” que decía San Agustín. Pues eso. Pero ellos no se enteran, va a ser que no, dicen como loros (a ver si cambian ya de frasecita).  Y como repetir lo obvio nos cansa les enviamos un recado para que se vayan enterando: Aquí tenéis a Dita von Teese que, según dicen, es la nueva reina del fetichismo (después de Bettie Page). De los fetichistas ortodoxos que gustan de la orfebrería textil en telas y demás churriguerescos complementos de la lencería
y de la arquitectura del erotismo.  Al estilo más clásico. Para mi gusto tiene las tetas un poco grandes y los muslos muy finos, o sea, que no es la típica mujer de caderas anchas y cintura estrecha que tantos nos gusta a los nenes del fetiche. ¿Belleza interior? Una hartá. Me parto. Pos después.- El otro día salió en la tele un cretino que decía que era fetichista porque le gustaba lamer la suela de los zapatos, que es tanto como decir que Jesús Gil era adepto a la metafísica porque hablaba con su caballo. Ni idea. No tienen ni idea de la D/s, ni de qué va esta película, señor, señor, como está el patio