El nuevo rey ha vuelto a recurrir al
efecto forer, es decir a todos esos menudillos y polvorones que lo mismo valen para un roto o un zurzido. A saber: hemos de ser muy buenos y perseverar en la solidaridad entre los ciudadanos, la unión de todos para superar los problemas y el apoyo unánime para corregir las desigualdadades, y bla, bla, bla.
Efecto Forer en estado puro. El guia-burros que a nadie compromete y todos satisface porque no dice nada, excepto que todos hemos de ser muy buenos y ayudar al prójimo. La solidaridad, vamos. Este discurso podía haberse sido escrito para los mandatarios ingleses, noruegos o italianos. Sólo hay que cortar y pegar. De hecho lo hacen. Corta y pega. Y encima cobran.