12 de enero de 2013

Matemáticas

Dos de cada tres niños de 10 años no saben sumar horas y minutos, según el informe de la Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo (AIE), que además evidencia los pésimos resultados de la educación española. Tremendo. Incalificable,  porque no saber sumar horas y minutos es una desidia antropológica muy perniciosa. Los niños no saben  lo que se pierden porque otro reciente estudio revela que  las chicas quieren dedicar la mayor parte de su tiempo diario a ir de compras (56 minutos), pero también al sexo,  al que dedicarían 106 minutos.

Sabíamos lo de las compras, pero del  afán de las churris por el sexo  no teníamos noticias, qué va;  pero como nosotros somos del plan antiguo y sabemos sumar minutos y segundos, podemos proponerles hacerlo en el probador de la tienda por pura racionalidad, pues si echamos cuentas nos sale que  los  106 minutos que ellas quieren dedicarle al sexo + los 56’ de los dedicados a las compras nos dan un total de 2 horas y 42 minutos de golpe. No está nada mal. 2h y 42’ dan mucho de sí en el probador de señoras. Aunque te cierren la tienda dándole   al cante jondo.


Del estudio se infiere que  sólo hay que sumar tiempo y sacar la calculadora  para hacerlas felices,  porque los adultos  somos poco detallistas.  Y a veces no sabes el verdadero valor de  20 céntimos hasta que los pierdes para siempre por comportarte como un perfecto gilipollas. Y encima  los niños no saben sumar horas y minutos. Pobrecicos. Estamos perdiendo  a una generación completa que ya  sabrá nunca lo que es echar un polvo en el probador. Y tener argumentos sólidos y científicos para   rebatir las acusaciones del ‘segurata’  de los grandes almacenes. Allá ellos.  No saben lo que se pierden.

Los que sí lo saben son los que se empecinan en que España pida el rescate. Es curioso, sí,  pero lo más interesados en que lo solicitemos son los grandes empresarios, los banqueros y algún periódico en pérdidas. Es también curioso que   el presidente del Supremo considere que viajar en clase turista «da mala imagen» (a ellos), porque antes lo hacían en ‘bisnes’ (1ª) y ahora les has recortado la rumba y la barrumbada.  También da muy mala imagen que estos jueces rezonguen porque  les hayan bajado de 18 a 12 los días libres,   porque  todavía les queda un día al mes para tocarse los huevos sin tener que justificarlo. Porque sí. Porque soy juez. Porque yo lo valgo. 

Y es también curioso   que mientras la derecha de Valcárcel se sigue repapilando con sus sociedades, fundaciones y consorcios (es la región que más tiene), no se oponga tajantemente a que el ministerio cobre las medicinas de dispensación en las farmacias de los hospitales, para el tratamiento del Sida, el cáncer o las hepatitis víricas.  Bastaba con cerrar esos entes de cartón piedra para no tener que echar más sal a la herida de los enfermos. No es que no tengan corazón, es que no tienen vergüenza y quieren también viajar en ‘bisnes’. A lo peor es que no saben sumar horas y minutos. Y que lo del  probador ni lo catan.

Columna publicada en el periódico El Mirador de Cieza.

5 de enero de 2013

Relativo

Esta noche vienen los Reyes Magos, seguro, porque si se cuela en mi casa Papá o Mamá Noel lo denuncio por allanamiento de morada. Chonis ‘selectas’ no, gracias, que aunque la mona/paleta se vista de ‘seda’, paleta que queda. Y que cada uno haga lo que le pete, porque ya dicen que todo es muy relativo. O que el «El relativismo es muy relativo», según he leído en una pintada captada en una foto de prensa. Y uno no sabe, qué va, porque sólo tengo tres certezas en la vida: que me voy a morir, que Dios existe y que la tortilla de patatas es con cebolla.

Pero tengo un ex-amigo que es un filósofo y se lo cuestiona todo. Así que cuando el cura le preguntó en el altar si quería a su novia como mujer, él contestó que creía que sí. Y ella: ¿Creeeeees?. Y él: Es que todo es muy relativo, cariño, y no se pueden tener certezas absolutas porque mañana te cae la maceta de un balcón y te mueres. Y ella: Yo te mato. Y él: Ves, ya no necesitamos maceta. Y el cura: Que te caiga una maceta no tiene nada que ver con la relatividad, sino con la gravedad. Y él: Más bien con su ex-novio que quiere matarme. Y el cura: ¿Ves tú?, eso no es relativo. Y ella: ¿Cómo pille yo a la relatividad esa se va a enterar. Y el cura: ¿Tu querida se llama Relatividad?

Y nosotros, los invitados: No seas tonto y di que sí (No es que nos importara mucho que se casara, o no. Nos daba igual. Es que teníamos hambre y ganas de emborracharnos). Y el cura: Pepe Luis, ¿quieres a Elisabert como tu futura esposa para amarla y respetarla hasta el fin de vuestros días? Y ella: ¿Cuándo será ese día?...es que tengo hora para la peluquería. Y nosotros: ¡casaros ya, joder, que se enfría la cena! Y se casaron. Y nosotros comimos perdices y bebimos hasta hartarnos.


Pero esta noche vienen los Reyes Magos, ya digo, y decía, porque en Nochebuena se nos coló en casa otro hadado Rey para darnos la consabida regañina parvularia de Navidad, que cada año pierde clientela pues la última ha sido la menos vista de los últimos 15. Y es que la persistencia de la monarquía no se debe a sus cualidades por se, sino al hecho de que por ahí merodeen republicanos que te hacen recelar que la República puede ser posible. El Rey habría salido ya por Cartagena, como su abuelo, si no fuera por los republicanos, porque cuando imaginas que podríamos tener a Aznar o Llamazares representándonos como presidentes de la República, te entra la urgencia de acogerte a sagrado.

Porque al Rey lo podemos mandar a cazar elefantes y darle una tiza, como a los tontos, para que se entretenga. Y no molesta. Sólo nos da la monserga una vez al año para repetir las mismas beatíficas obviedades que nos tomamos como las batallitas del abuelo. Aunque quizás no. No sé, porque ya digo, que dicen, que todo es muy relativo. Excepto lo de la tortilla. Y lo de los Reyes Magos.

Columna publicada en el periódico El Mirador de Cieza. 

2 de enero de 2013

Enfado femdom, D/s o EPC BDSM

No es para que te pongas así porque me haya dejado subida la tapa del váter, cariño. Te prometo que no volverá a ocurrir más. Confía en mí, mujer, que no es para tanto.

29 de diciembre de 2012

Tradiciones

El lunes es Nochevieja y hay que desear a todos un feliz año, y prósperas castañas, aunque dice mi madre que para el 2013 me haga el propósito de no escribir más de sexo (y  decir palabrotas), porque como siga así no me va a salir novia formal pues ninguna mujer se casa con un tipo tan rijoso. Ella dice sinvergüenza, pero se la entiende. Y puede ser, pero lo que pretende es que me case para quedarse sola con la casa y cambiar la cerradura.

Porque la cuestión no es que un maduro solterón todavía viva en casa de su madre, sino que una madre tan mayor todavía no se haya ido a la residencia de ancianos. Todo en la vida tiene dos puntos de vista, como se ve. Y en esas andamos; a ver quién se rinde antes, quién se va antes de la casa.

Ella me deja en la mesa folletos de agencias matrimoniales y yo le dejo sobre la cama folletos de la residencia de ancianos. Es un duelo al sol en OK Corral, porque el otro día nos encontramos en el pasillo y nos quedamos mirándonos a ver quién desenfundaba antes. Guerra psicológica, es decir, a ver quién se rinde antes y se marcha dejando la casa libre. Me río yo del relato «Casa tomada» de Cortázar. Lo del argentino es de aficionados.


Nosotros somos más profesionales y cuando nos encontramos en el pasillo nos paramos frente a frente, nos miramos a los ojos, suena la música de Ennio Morricone y desenfundamos tirándonos indirectas: «He leído en el ABC que los casados padecen menos infartos», me espeta ella. Y yo la miro fijamente a los ojos, me limpio el sudor de la frente y le devuelvo las indirectas: «Pues yo me he enterado de que en la residencia de ancianos han puesto jacuzzi y baño turco».

Y en esas andamos, porque aunque ella últimamente diga que quiere que me case para poder disfrutar de los nietos, a mí me consta que es para poder lucir en la boda un traje de madrina que se compró hace años y que se le va a pasar de moda. Es que algunas madres no saben qué hacer con tal de poder lucirse en la ceremonia de la iglesia y llegan incluso a sacrificar a su hijo entregándoselo a esas despiadadas chicas de ahora que sólo quieren sexo y más sexo. Todo por lucirse y lucir el modelito en la iglesia.

Porque la boda sería en la iglesia, eso es irrenunciable,  pues  si un servidor se casa lo hace por la Iglesia, de blanco, con damas, padrino, coro y Ave María de Schubert. Con todos los extras, sí, pues uno es un católico temperamental (como Julio Camba), y le hace ilusión subir a la novia en brazos a la habitación y meterle mano con el traje de novia puesto. Como manda la tradición, el señorío y las buenas costumbres. A mí es que me gustan mucho las tradiciones, mucho, sobre todo esa que estipula que es el padre de ella el que paga la boda y el convite. Aunque creo que Camba no se refería a eso.

Columna publicada en el periódico El Mirador de Cieza.