
Sólo los aseos, principalmente, porque podemos aguantar los ruidos por la ausencia de puertas, las goteras o que las luces tengan que estar permanentemente encendidas debido a sus ventanucos, claustrofóbicos, porque el arquitecto quiso darse pisto y charol
con un proyecto que ha sido un fiasco por más que lo hayan condecorado sus compañeros; aquellos que creen que la modernidad es poner a un mono a diseñar con un Lego.
A los arquitectos post-post-modernistas les ha dado por dejar su huella, como en la Luna, y por eso han colocado en Cieza unas enormes letras enrobinadas con un "Tonto el que lo lea", digo, "Érase una vez…" junto a una iglesia-convento del siglo XVII. Un tupé hortera quechupa todo el protagonismo de la plaza, como los macarras que sacan pecho lobo. Ya sabemos que no hay palurdo que no pretenda dejar su firma e ingenio en las puertas de los aseos públicos, pero la cuestión es que ahora va a ser difícil exigirle a un joven que no pintarrajé sobre un monumento, cuando a un arquitecto se le permite que estampe sus enormes memeces fosilizadas junto a un convento del siglo XVI.
Un edifico remodelado cuya fachada con troneras parece una copia del Auditorio de León. Ni tan siquiera es original. Son cosas de la educación, ejemplar, como la de unos rectores que luchan encabritados por evitar los recortes de la clase media-baja, pero gastan coches de alta gama que valen unos 60.000 euros. Hay que tener empatía y comprender que tiene que ser una agonía quedarse sin coche de lujo y dietas de no asistencia. Pobrecicos. Porque ellos luchan por mejorar la enseñanza pública (encomiable), pero el transporte público es cosa de plebeyos, para los que no pueden permitirse fardar de un buga con orlas y entorchado.
Para dar ejemplo en esta España de palominos, y fachenda, con jueces que dimiten por extralimitarse en sus gastos (Dívar), cuando sus compis no justifican más de un millón de euros en dietas, comidas y verbenas togadas transoceánicas, mientras los pensionistas tienen que pagar otros 456 medicamentos más. O con políticos como Chaves y Griñán que ni dimiten ni dan la cara por los EREs multimillonarios. Deben de estar todos en el bar. Porque todos somos iguales. De monos.
Columna publicada en el periódico El Mirador de Cieza.